domingo, 30 de septiembre de 2012

MENOS PROMESAS Y MAS REALIDADES


La literatura popular murciana, del siglo XIX, recoge un sencillo cuento para narrar el comportamiento de la Madre naturaleza que tantas y tantas veces, desde tiempos inmemoriales, ha sembrado de muerte y desolación estas tierras fértiles que riega el Segura y sus afluentes. El cuento es muy sencillo a la vez que muy gráfico. Estaba el Padre Dios en la Gloria y llama a las nubes para ver el trabajo que habían realizado durante todo el verano en el mundo. Las que tenían encomendados los cielos de España cuentan que han estado en Valencia, Barcelona, Bilbao, Extremadura, Sevilla, Canarias, Valladolid, Madrid… en fin toda la geografía peninsular pero, de pronto, el Padre Dios, dice bastante enfadado: “¿Y ninguna ha ido a Murcia? Sois unas irresponsables. Se arma el revuelo en las salas celestiales y, las nubes, ante semejante enfado del Creador le dicen: Ahora mismo vamos…. Y todas juntas vienen a Murcia descargando toda su agua sobre los pobres murcianos…..




Esto que no deja de ser un cuento infantil relatado, imagino, por aquellos viejos y entrañables maestros a los niños, de los humildes caseríos huertanos, de aquella España de miserias para que entendieran de alguna manera las continuas riadas otoñales no deja de tener su verdad y su fundamento. En llegando el traicionero otoño los cielos se conjuran para traer la desolación a estas tierras murcianas.
Es lo que ocurrió el pasado viernes 28 de septiembre de 2012. Una fecha que difícilmente olvidaran los vecinos de la Comarca del  Guadalentín pues sumadas a las incontables pérdidas materiales tenemos que sumar las humanas, infinitamente más importantes. Hoy en toda la Comunidad ondean las banderas a media asta y lo harán durante tres días en señal de luto oficial. Es lo mínimo. Se han suspendido fiestas, conciertos, verbenas, desfiles de carrozas y todo tipo de actos festivos. La Región de Murcia, desde luego, no está para fiestas.

Lorca, la bella ciudad capital del Guadalentín, en apenas dieciséis meses ha vuelto a ser sacudida por la naturaleza. Si aquel fatídico 11 de mayo de 2011, cuando los terremotos, fue la ciudad la gran perjudicada ahora ha sido su ubérrima vega y sus campos. Sus pedanías y diputaciones. Se han perdido todas las cosechas. Se han ahogado miles y miles de animales de todas las especies pues, en la ganadería, tiene uno de los puntales de su economía. Se han arrasado las cosechas. Se han derrumbado naves industriales y lo que el jueves 27 era vida, además con la alegría de la Feria anual, unas horas después todo perecía bajo la fuerza desatada de las aguas que, desde Puerto Lumbreras, vertieron millones de litros sobre todo el Valle. Dicen los expertos que se han recogido tres veces más litros que en la trágica riada de Santa Teresa, el 15 de octubre de 1879, hasta ahora una de las más destructivas que recuerda la historia de Murcia.
Es cierto que el Plan de Avenidas ha paliado, en parte, lo que podía haber sido de no existir las modernas canalizaciones y planes defensivos. Faltaría más. Pero al igual que cuando el terremoto, la naturaleza, ha dejado al descubierto la “chapuza” y la falta de previsión. Si cuando la tierra tembló, los edificios de la Viña y San Fernando en la ciudad de Lorca, dejaron al descubierto que las medidas anti sísmicas había fallado o no se habían llevado a la práctica, ahora han sido las modernas vías de comunicación las que han caído como un castillo de naipes ante la virulencia de las aguas.




Alguien tendrá que dar explicaciones. Urgentemente. Para mañana es tarde. La Ministra de Fomento en su visita ayer a la zona afectada prometía una investigación de su Ministerio para depurar responsabilidades. No me lo creo doña Ana. Con todo respeto, no me lo creo. Pero no porque sea usted, sino de nadie. He perdido la fe en la clase política y precisamente, a raíz de los terremotos de Lorca, dejé de tenerla y les prometo que me gustaría conservarla.

No es de recibo que la autovía A-7 y la autopista AP-7 se vengan abajo como si fueran de papel. Alguien hizo las cosas mal hechas. Y esto hay que aclararlo. Desde la Administración del Estado o desde la Regional. Me da lo mismo. Pero es gravísimo que modernas construcciones que, hasta hoy, no habían sufrido la fuerza de la naturaleza se vengan abajo en un abrir y cerrar de ojos. No entra en cabeza sensata. ¿Acaso se caen en otros lugares de España? ¿Acaso se vienen abajo en las catástrofes naturales que sacuden el viejo mapa del mundo? Siempre nos toca a los murcianos. Somos las víctimas de los chapuceros o “la tonta del bote”.


Ya está bien de lamentaciones. De llorar, de lamernos las heridas. Ya está bien de soportar palabras vacías que se dicen delante de los ataúdes (terremotos y riadas) para que luego cada cual vuelva a lo suyo y Murcia siga siendo la gran olvidada. La abandonada. La tierra de Jauja, para algunos chapuceros aprovechados, donde los edificios no soportan un movimiento sísmico de 5.1 o las autopistas y autovías se vienen abajo como si fueran de corcho a la primera gota fría que descarga con virulencia.
Y que conste que no lo digo yo solo. Al fin y al cabo yo no soy nadie. Solo un espectador de lo que ha ocurrido. Lo dicen los profesionales. En la ciudad de Portugal, esta semana, en el Congreso Internacional de Ingeniería Sísmica, los expertos, han llegado a la conclusión que en la Viña y San Fernando, de Lorca, las construcciones no contemplaron el inmenso peligro que supone la ciudad sobre la falla, maldita falla. Se hicieron sin tener en cuenta el alto riesgo que supone Lorca a la que, por cierto, han calificado de “Caja de resonancia” de la falla de Alhama.



Ahora las autopistas y autovías. Vaya Murcia. Pobre Murcia. De nuevo ayer, sábado, viví las escenas repetidas de nuestros políticos de hace dieciséis meses. Caras largas, rostros tristes, lagrimas incluso, apretones de manos, abrazos y promesas. Todo eso está muy bien en el momento de la tragedia y ante cámaras y micrófonos de medio mundo. Pero cuando el barro se seque, Dios dirá.
Y como he comenzado con un cuento popular huertano, termino con un no menos viejo refrán de estas tierras nuestras: “El muerto al hoyo y el vivo al bollo” por muy triste y duro que nos parezca. 

viernes, 27 de julio de 2012

LA NOCHE OLIMPICA



Sentado en aquel sillón de alto respaldo y mullido asiento, era su favorito, asistía esa noche a la sesión inaugural de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. La televisión ofrecía bellísimas imágenes en las que intentaba concentrarse pero era imposible pues, su mente, lo transportaba sin querer a otras ceremonias. A otros juegos, a otras retransmisiones como aquella pero muy distintas y diferentes. Es algo inevitable pero, al vivir acontecimientos de esa categoría, todos pensamos en otros similares que ya quedaron atrás en el tiempo pero que, sin quererlo, cobran vida propia en casos muy concretos. Revivimos otros actos similares. Otras veladas iguales e intentamos recordar como fueron aquellas en comparación con estas.

Eso le pasaba a él esa noche. Por mucho que intentaba concentrarse en la ceremonia inaugural de Londres su mente volvía continuamente hacia atrás y le hacía vivir, con toda la amargura de la felicidad perdida, otras noches idénticas que quedaron marcadas para siempre en su cansado corazón.

Le vino a la cabeza la inauguración de los Mundiales de Futbol de España del año 82. Aquel verano ya lejano en el tiempo pero muy vivo en sus recuerdos. Se acordó de “Naranjito” la mascota de aquel acontecimiento que, al principio, fue muy criticada y sin embargo pese a los años transcurridos todo el mundo la recuerda con muchísimo cariño incluso se convirtió, por derecho propio, en la mascota más conocida mundialmente de todas cuantas han tenido los mundiales.

Pero su mente no estaba en Naranjito precisamente. Su mente estaba en Lola, la persona que más había querido en la vida, y que dos años después de aquellos mundiales que ganaron los italianos, recuerda al Presidente Sandro Pertini, celebrando los goles en el palco junto al Rey de España, dos años después de aquel acontecimiento a Lola le diagnosticaron el cáncer de mama y al poco tiempo le dejaba solo. Tenía a sus hijos, si, pero Lola se había ido para siempre. Aquel dolor jamás tuvo cura y fue como un mazazo a su vida. Como si con ella se hubiera ido para siempre su juventud, su alegría y sus ganas de vivir.

Viendo la ceremonia de Londres recordaba aquel 13 de junio de 1982, como era el día de su santo, Lola, había invitado a toda la familia a ver la ceremonia allí en su casa. Lola guapísima. Con un vestido de flores, su negro pelo suelto en media melena que le caía como una cascada de ébano sobre sus hombros hermosos y la sonrisa siempre en la cara con aquellos dos hoyuelos que le aparecían en las mejillas cuando se reía, que era siempre, y que le enamoraron desde el primer día. Estaban sus hijos, todavía pequeños con 15 y 13 años. Sus cuñados, sus hermanas, sus primos… en fin más de treinta personas para celebrar San Antonio y ver aquel acontecimiento único para España.

Dejó de pensar, intentó no emocionarse, y se centró de nuevo en la ceremonia de Londres. Preciosa sin duda. Llena de color, de variedad, de fantasía. Pero su mente de nuevo le jugó una mala pasada y lo transportó a las Olimpiadas de Barcelona.

Aquella noche, era el día de Santiago el 25 de julio, su hermana se empeñó en que fuera a la playa para verla allí en su casa de Lo Pagan en el Mar Menor. No tenía ganas, pues desde que Lola lo dejó y sus hijos se fueron haciendo mayores, su soledad era más grande cada día y se encerró en un círculo de hermetismo y silencio. Pero a regañadientes aceptó la invitación ya que solo estaban ella y su cuñado. Se fue aquella tarde a la playa y vivió con ellos, los tres solos, toda la emoción de aquella ceremonia inolvidable. Incluso, hoy, todavía recuerda la emoción cuando el arquero disparó su flecha para encender el pebetero olímpico…. Imágenes grabadas para siempre en su mente cansada y fatigada. Pero le faltaba Lola. Ya en esa cita olímpica, delante de la televisión, estaban los tres solos. Sin su mujer, sin sus hijos. Sin nadie. Su hermana y su  cuñado se tenían el uno al otro pero él no tenía a nadie.

Siguen apareciendo en la pantalla del televisor grupos de animación, de teatro, llega la Reina, hay música cohetes y fanfarrias. Londres es una fiesta. Pero su corazón, esa noche, llora las ausencias y se encuentra mas solo y mas fatigado que nunca. Intenta enderezarse en su sillón preferido. Un amigo le dice algo, pero él no hace caso. No atiende a lo que le dicen pues su mente está demasiado atrás en el tiempo y tampoco quiere compartir con nadie sus bellos recuerdos. Está más solo que nunca pese a estar rodeado de gente.

Aquella noche, el salón, está abarrotado de gente y todos asisten sin pestañear al acontecimiento de los Juegos Olímpicos. Los mira a todos pero no los ve. Se fija en ellos y piensa si en sus mentes también estarán apareciendo los recuerdos felices vividos. Intenta concentrarse en la televisión pero no puede. Mira a unos y otros. Los ve reír y hablar entre ellos. Comentar las imágenes y hacer gestos de admiración cada vez que algo les llamaba su atención. Animadas charlas que, seguramente, mantienen para no caer en la nostalgia y la tristeza, pensó él.

Esta muy cansado esa noche. Ya no puede más. Se levanta del sillón con no pocas dificultades y dice en voz alta: “Señores hasta mañana. Buenas noches”  Alguno le contestó, otros le dijeron que no se fuera tan pronto a dormir, que se quedara a  ver el desfile de los atletas, a ver la bandera de España… pero él, con una forzada sonrisa, les dijo que no. Que estaba muy  cansado y que no aguantaba mas. Que se iba a la cama.

Lo que no imaginó ninguno de sus compañeros en la Residencia de Ancianos de San José y María Auxiliadora es que era la última vez que verían a Antonio con vida. A la mañana siguiente, sábado 28 de julio, viendo que no bajaba al desayuno una auxiliar fue a buscarlo a la habitación y lo encontró muerto sobre la cama. Tenía un rictus de alegría en su rostro surcado por mil arrugas y en una mano apretada, sobre su pecho, una fotografía de una guapa mujer, su Lola, que debido al “rigor mortis” de sus miembros no pudieron, ni quisieron, quitarle de las manos.

sábado, 21 de julio de 2012

AMOR EN LA PLAYA (Estampas de Verano)



He estado viéndolos durante toda la semana. Desde el pasado lunes llegaban siempre a la misma hora, sobre las diez de la mañana, y los dos juntos cogidos de la cintura. Ella alta. Rubia. Con su media melena siempre suelta en la que se enredaba la ligera brisa o el levante más fuerte. Una camisola, blanca, que le llegaba a media pierna. Chanclas y grandes gafas de sol que protegían dos asombrosos ojos azules como el Mediterráneo que acariciaba a diario su piel dorada, tersa y bronceada. En las manos una bolsa de playa, de rafia de mil colores, donde iban toallas, prensa, bronceadores en fin sus pertenencias.

El con una camiseta negra donde se veía, estampado, un corazón rojo y la leyenda “I Love New York”. Bermudas azules con dibujos blancos. Zapatillas de suela de cáñamo y también gafas de sol. Moreno. Con pelo muy corto y la barba sin afeitar de varios días. De la misma estatura de ella, algún centímetro a lo mejor mas bajo, pero que no se notaba en absoluto.

Todos los días hacían lo mismo. Llegaban, clavaban la sombrilla en la arena y abrían dos hamacas plegables. Ella, mientras tanto, con gráciles movimientos, se sacaba por la cabeza la camisola blanca y dejaba al descubierto un cuerpo escultural bajo un bikini. Se los he visto en negro, blanco, estampado y azul marino. Cada día llevaba uno diferente. Después, sacándose de la muñeca una goma que llevaba a modo de pulsera, se recogía su melena en una graciosa cola de caballo.

Mientras tanto, él, dejaba las hamacas en el suelo. Las ponía muy juntas y se quitaba la camiseta neoyorquina que dejaba, doblada, sobre los radios metálicos interiores de la lona de la sombrilla por cierto de una conocida marca de cerveza. A partir de ese momento, todos los días lo mismo, con un mimo exquisito empezaba ella dando el aceite bronceador sobre la piel de él. Con movimientos rítmicos y armónicos recorría la anatomía, ya morena, del hombre y no dejaba un solo centímetro sin la protección del aceite solar. Después, él, hacía lo mismo sobre la piel de ella. Acariciaba aquella perfecta anatomía de mujer más que “untarla” de aceite para protegerla de los rayos del sol. Empezaba por la espalda, se arrodillaba y seguía por la parte posterior de los muslos y las pantorrillas. Luego se ponía de nuevo en pie y hacia lo mismo por la parte delantera de la chica. Pero daba la sensación, ante mis ojos, que mas que ponerle el protector estaba colmando su cuerpo de caricias.

Acto seguido se sentaban en las tumbonas y ella sacaba los periódicos de su bolsa de playa. Para el, El País. Para ella, El Mundo. Por cierto que, a lo largo de la mañana, se intercambiaban los diarios una vez que uno de los dos había terminado con la lectura del suyo.

De vez en cuando, él, depositaba un suave y ligero beso en los labios de ella. O era ella la que llevaba la iniciativa en ese juego callado de caricias en la arena de la playa. O tranquilamente, ambos, se cogían de las manos y se quedaban en silencio, sin pronunciar palabra, mirando el horizonte y la línea infinita donde se juntan cielos y mares. Si entraban en el agua, para bañarse, lo hacían cogidos de las manos o bien de la cintura. Dentro del mar se abrazaban, o se besaban quizá con mas apasionamiento que los besos en los labios bajo la sombrilla. Siempre haciéndose caricias. Siempre el uno junto al otro sin apenas centímetros separando sus cuerpos.

Ambos, según mis apreciaciones, superan los cuarenta años pero no creo que tengan muchos mas aunque, no es menos cierto, que soy bastante malo para adivinar y concretar la edad de las personas. Si bien, en esta modélica pareja enamorada, estoy casi seguro que tendrán cuarenta y pocos.

A filo de mediodía, él, se levantaba y se acercaba al chiringuito. Siempre traía lo mismo. Un bote de Coca Cola Zero para ella y otro de cerveza para él. Unos días una bolsa de patatas fritas de las pequeñas y otros una bolsa, también pequeña, de frutos secos. Era su particular aperitivo sentados cómodamente en sus respectivas tumbonas y siempre mirando al mar. Nunca le daban la espalda a la orilla.

Las caricias, suaves y delicadas, seguían en todo momento. Las manos cogidas unas veces y otras recorriendo los muslos de ella o bien los de él. De vez en cuando, uno de los dos, tomaba la iniciativa se incorporaba en la hamaca y depositaba un suave beso, fugaz, sobre los labios del otro.
Eran la envidia de la playa desde luego. Nunca había visto una pareja tan enamorada y mas a esa edad tan lejana ya de la adolescencia y los primeros ardores de la testosterona. Pero todo en ellos era delicadeza, ternura, amor en definitiva. Y verlos así durante toda la semana, no solo un día o un rato esporádico, te hacía pensar en un amor profundo, verdadero, duradero en el tiempo y habiendo sabido salir, juntos y enamorados, de todas las barreras que la vida te pone como obstáculos. Incluso, en mis fantasías, me imaginaba la intimidad de la pareja y los hacía a ambos solícitos el uno con el otro y en mitad de un hogar de amor y entendimiento. La unión perfecta entre un hombre y una mujer con el amor y la mutua atracción como motor de sus vidas. Incluso el deseo.

Pero esta mañana de sábado ha ocurrido algo que me ha dejado las cosas claras definitivamente. Estaban tomando el aperitivo sobre las hamacas cuando ha sonado un teléfono móvil. Ella ha mirado dentro de la bolsa de playa y ha sacado una Blak Berry. Con un gracioso mohín, le ha mirado a él, se ha levantado de la tumbona y se ha alejado unos metros de la sombrilla. Ha paseado arriba y abajo por la orilla mientras hablaba por teléfono. Al volver su cara no era la misma y entonces, con un rictus de tristeza dibujado en su precioso rostro le ha dicho a él: “Lo siento cari, pero el lunes tengo que estar en el aeropuerto a las diez de la mañana. Mi marido ha adelantado su viaje y se ve que ha terminado antes en Londres. Que mierda ¡!!!!!

lunes, 16 de julio de 2012

LA HISTORIA OLVIDADA. Hoy 16 de Julio


Tal dia como hoy un 16 de julio que, ademas, coincidió que también era lunes  pero hace ochocientos años tuvo lugar una de las batallas mas famosas para la cristiandad y que marcó para siempre el complejo devenir de la historia. De no haberse dado aquel acontecimiento en tierras andaluzas lo mas posible es que ahora el Islam gobernara las viejas tierras de la Península o que incluso su imparable poder se hubiera establecido mas alla de los Pirineos.

 Este 16 de julio, de hace ochocientos años, fue clave para la historia de España pero claro, los mamelucos de turno que dictan las leyes educativas de este pais, ultimamente, consideran politicamente incorrecto todo lo que se refiere a las viejas paginas de la historia y mas, si estas, tienen que ver con triunfos sobre el mundo islámico. Te sale el tonto de turno diciendo que eso no es politicamente correcto y ahí se acaba la historia. Así estamos como estamos y nuestros escolares no tienen ni idea de las gestas que este pueblo realizó desde la noche de los tiempos. Hay que joderse.

Lo extraño es que siendo, la de hoy, una efémeride en toda regla nadie se haya hecho eco de la misma y pase casi desapercibida cuando tal dia como hoy, los guerreros cristianos de media España se unieron, hartos ya de los saqueos y conquistas almohades y frenaron a los seguidores del Islam junto a Despeñaperros en un lugar de los cerros de Santa Elena en la provincia de Jaen y muy cerca de lo que hoy es La Carolina. A esta pagina de la historia se la conoce como la BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA. Tal día como hoy hace ochocientos años.


cuadro de la batalla de las Navas de Tolosa que se conserva en el Palacio del  Senado.

Todavía, aquel 16 de julio, no se celebraba ni conocía la advocacion mariana de la Virgen del Carmen, para eso habrian de pasar todavia mas de cuarenta años pues, según la tradicion, fue el 16 de julio de 1251 cuando según la fe popular, la Virgen, se le apareció a Simon Stock, prior de una comunidad de eremitas instalada en el monte Karmel de Israel, tambien llamado “Al-Karem”, el Jardin, que estaban por aquellos pagos llevando vida de sacrificio y amor a Dios pues según las sagradas escrituras en aquellos parajes israelies fue donde el profeta Elias subió a los cielos en un carro de fuego. Desde entonces el lugar se convirtió en foco de espiritualidad y en aquella comunidad de anacoretas, la Virgen, se apareció a Simon con el habito marron y el escapulario diciendole ademas que sería la mediadora con las ánimas del purgatorio. De ahí nació la devocion a la “Virgen del monte Karmel”, Virgen del Monte Carmelo, Virgen del Carmen. Ahí, igualmente, nacerían las comunidades carmelitas repartidas hoy por los cinco continentes. Pero como me he apartado de la historia principal con permiso, del desconocido lector, me vuelvo al desarrollo de la misma.

Estábamos en un caluroso amanecer del lunes 16 de julio de 1212. Desde tres dias antes, el viernes 13, se habian estado concentrando las tropas cristianas en aquellos pagos de Despeñaperros. Entonces la llamada “unidad de España” y por tanto un solo reino estaban bastante lejos. Deberian de pasar casi doscientos cincuenta años para que la boda de Isabel y Fernando unificaran los reinos de la Peninsula pero en pleno siglo XIII, la Peninsula Ibérica, era un caleidoscopio de pequeños reinos de mayor o menor extension. Grandes señores feudales, ordenes de caballeria y mercenarios que vendian su espada al mejor postor. Algo parecido a lo que ocurría en Al-Andalus pues, precisamente en esta batalla de las Navas, Mohamed An-Nasir, todopoderoso caudillo y señor Almohade, contó con la ayuda de los temibles bereberes, los egipcios y las tropas nomadas del desierto que a su llamada y ayuda cruzaron el estrecho poniendo un alto precio a sus servicios de armas.

En el lado cristiano, hartos de tanto desman de los almohades y de mantener hoy si y mañana tambien una continua guerra de guerrillas, escaramuzas, saqueos y matanzas, Alfonso VIII de Castilla, el Arzobispo de Toledo y el apoyo del Papa Inocencio III, juntaron a todos los señores de la vieja piel de toro y los enrolaron en esta cruzada comun. Alli estaban los navarros, aragoneses, portugueses, voluntarios franceses, los del viejo reino de Leon, los señores de Vizcaya y por supuesto las ordenes militares en especial los Templarios que, sin saberlo ellos por supuesto, les quedaba tan solo un siglo de vida antes que el insaciable rey frances Felipe IV el Hermoso y el papa Clemente V, junto a los dominicos (expertos en quemar herejes en las hogueras del mundo) acabaran con la orden del Temple únicamente por envidia de su poder y especialmente por sus bienes. Pero esto fue otra historia.


El viernes 13 de julio de 1212, los ejercitos de la Cruz, se apostaron por los terrenos jienenses y a partir de ese dia, el sabado 14 y el domingo 15, se sucedieron una serie de escaramuzas. Hasta que amaneció el lunes 16. Según las cronicas de guerra una jornada muy calurosa.
 Imaginen toda aquella maquinaria guerrera, de ambos bandos, bajo el sol inmisericorde del verano andaluz. Mas de cuatrocientos setenta mil mulsulmanes frente a ciento ochenta mil cristianos. Si bien las cifras parecen exageradas por los cronistas medievales y lo mas ajustado a la realidad es que pudieron ser unos ciento cincuenta mil en el bando de la media luna y aproximadamente unos sesenta mil en el bando de la cristiandad. De una u otra forma, los de los reinos cristianos peninsulares estaban en clara desventaja frente a los almohades. Pero al final, que es lo que importa, el triunfo se decantó del lado de los estandartes y pendones de la “cruz” y el imperio Almohade en Al-Andalus y por  tanto en la Peninsula sufrió el mas serio reves y le obligó a replegarse y pactar con los señores de la cristiandad. Comenzaba la desaparicion del Islam de la Iberica conquistada.

Fue sin duda esta batalla de las Navas de Tolosa, para la historiografía árabe la batalla de Al-Uqab, la mas importante mantenida en la Peninsula contra las tropas cristianas y la que marcó su derrota definitiva, o un paso importante hacia ella, desde que en el año 711 cruzaran el estrecho comandados por Muza.

Pero esta España nuestra cada dia es mas olvidadiza. Cada dia parece avergonzarse mas y mas de su pasado y oculta de las enseñanzas todas estas paginas que no solo marcaron nuestra historia, sino la del mundo en general. Por ejemplo, ciñendonos a las Navas de Tolosa, si los almohades hubieran salido victoriosos aquel dia, Castilla hubiera desaparecido. Los reinos del norte igualmente y la expasion islamica, tranquilamente, hubiera cruzado los Pirineos pues en aquellos años, los vecinos del norte, no estaban precisamente fuertes en lo que a gobiernos se refiere y tambien ellos andaban partidos entre mil señores de la guerra. Las Navas de Tolosa cambiaron el mapa de la vieja Europa conocida entonces.

Pero hoy, a nuestros escolares, les sabe a “chino” el nombre de las Navas. Como el de Lepanto, Trafalgar y tantos otros donde los españoles nos batimos el cobre, dimos la sangre y regamos con ella campos yermos y mares turquesas que se convirtieron en granates por su heroico comportamiento en el combate.

Hoy no es “politicamente correcto” recordar todo aquello y a mi se me revelven las tripas de ver como nos avergonzamos de nuestro pasado. Cualquier dia, otro pueblo, otra raza, otra nacion, se mostraría tan cicatera a la hora de rememorar su pasado. Cualquier dia, por ejemplo, en Estados Unidos iban a renunciar a estas gloriosas paginas de la historia si ellos las hubieran protagonizado. O los franceses, alemanes, ingleses (especialistas en rememorar batallas aunque sean falsas o leyendas) pero España es diferente para todo  y hoy, porque no es politicamente correcto y por no “enfadar”  a nuestros vecinos del otro lado de Gibraltar, nos da vergüenza hablar de estas victorias y de estas paginas que con tanta gloria escribieron para la historia nuestros antepasados.

No es politicamente correcto dicen. Yo si pienso que lo que no es politicamente correcto es mantener a tanto bobo suelto por  estas tierras de la vieja piel de toro. 


Escena de la batalla de las Navas de Tolosa en un códice de la  época

martes, 15 de mayo de 2012

EL SONIDO DEL TIMBAL




Lorca. Un año después de aquel terrorífico día cuando, la furia desatada de la tierra, acabó con ilusiones y esperanzas. Cuando en apenas unos segundos, el temblor, convirtió en ruinas lo que había costado siglos levantar. Y con ello, en una cadena sin final, acabó con la economía, el desarrollo, el comercio, la alegría en fin con el normal desenvolvimiento de una ciudad de noventa mil habitantes que se ha visto abocada a rogar, suplicar, protestar, manifestarse y demandar las prometidas ayudas que, la incompetencia de Tirios y Troyanos, ha convertido a la hermosa ciudad en un espectro de tristezas y amarguras donde, la otrora alegría contagiosa de sus gentes, ha desaparecido como por ensalmo. La tierra acabó con todo. El movimiento telúrico fue mucho mas que eso y sus consecuencias se siguen cobrando victimas un año después.

Estos días previos al once de mayo, desde la Cadena SER en la Región de Murcia, hemos estado ofreciendo datos actualizados y pormenorizados de la situación actual de Lorca. Hemos hablado de pisos derruidos, cerrados, en ruinas o en un “limbo” legal que no se sabe ni donde están. De las mas de siete mil personas que, un año después, anda errantes por ahí sin perspectivas de nada. Nos hemos ocupado del comercio. Muerto. Enterrado bajo la losa de la falta de alegría y las trabas burocráticas. Cerrados, abandonados o simplemente dados de baja. La agricultura, motor importantísimo de la economía lorquina, ha sido otro de los focos de atención donde, mi compañero Lázaro Giménez, puso su atenta mirada para hacernos saber a todos que entre el frenazo que hoy padece el sector, la competencia desleal marroquí, los problemas con Europa y el terremoto (maldito terremoto) han arrastrado también a la ruina a muchísimas economías lorquinas. ¿Y el automóvil? Pues ya me dirán ustedes. Si la gente no se compra una camisa nueva en la tienda de la Avda. Juan Carlos I difícilmente va a cambiar de coche. Imposible.

Así podría estar contándoles cosas y “casos” de una ciudad sumida 
y paralizada en las consecuencias de los terremotos de hace un año. Mi compañera Angels Barceló, con todo su equipo de periodistas, que volvió a Lorca un año después para realizar un extraordinario Hora 25 dedicado a la ciudad del Sol, ella, paseando por la Viña bajo un sol de justicia del mediodía de mayo, me decía: Alberto no entiendo como un país que se llama moderno y civilizado ha sido incapaz de solucionar todo esto en un año. Le di la razón y no tuve respuesta, ni la tengo, para su pregunta.

Fue una jornada de encuentros y reencuentros. De comprobar, aunque en un año he estado mil veces en Lorca, que todo sigue igual. Que todo permanece como si el tiempo no hubiera pasado. Sí, por la tarde, con todas las actividades: conciertos, actos en memoria de los nueve difuntos, recitales de bandas de música, homenaje a los hombres y mujeres de la UME, autoridades, coches oficiales, calles cortadas al tráfico y demás, gracias a todo eso, la ciudad se había “vestido” de gala. Se había puesto el traje de fiesta, los tacones de aguja, el mantón de Manila, el collar de perlas, la flor en el pelo y lucía la mejor de sus sonrisas. Lorca estaba bonita. Hermosa. Atractiva y señorial como siempre. Una hermosa jornada de la primavera que nada tenía que ver con aquella otra de hacía un año.

Pero, Lorca, estaba vestida y maquillada para “salir a escena” Para presentarse en sociedad, para que la vieran hermosa todos aquellos que habían llegado a visitarla un año después. Mas, cuando se apagaron las luces y los focos. Se fueron políticos y periodistas la vieja dama, señora del Guadalentín, volvió a entrar en su camerino, se quitó el maquillaje, la peluca, el vestido largo, las perlas y los tacones y al mirarla, a solas sin admiradores y curiosos, la vi con sus calvas, con su alopecia, en la Viña, San Diego, San Cristóbal… esos malditos solares que siguen siendo la imagen de una ciudad que no termina de salir de su pesadilla. Una larga pesadilla de un año. En la madrugada, en la soledad de la noche, cuando abandonaba la ciudad el vientecillo de la primavera mecía, en mil fachadas, las pancartas reivindicativas de un pueblo que ya esta harto de tanta palabra vacía y tantas promesas huecas. Pero volvamos hacia atrás a las diez de la noche.

Mis compañeros de Hora 25, realizan el programa en el Centro Cultural Espín. En plena Corredera la “sala de estar" de la hermosa Lorca. Ha sido un día agotador. Caluroso en extremo. Hago un receso, sin dejar de escuchar el programa por mis auriculares, y me voy a la cercana Plaza de San Vicente donde otrora se levantaba sobre una columna miliaria la estatua del santo predicador valenciano. El mismo que según la tradición limpió sus sandalias de caminante para no llevarse, de Lorca, ni el polvo. Cosas de las leyendas negras por supuesto. Lo que si se ha llevado el terremoto ha sido su monumento, a lo mejor como venganza de la tierra que él mismo se sacudió en aquellos días.

Pues eso, en la soledad de la noche, me siento en una de sus terrazas a tomar un refresco y relajarme un poco después de las jornadas vividas para que todo saliera como estaba previsto y sin fallos. De hacer examen de conciencia y repasar para poner a punto mis notas de todo cuanto había visto y vivido.
En eso estaba cuando, la soledad y el silencio de la recoleta plaza, se vio de repente interrumpido por el sonido de un timbal africano de esos que, vendedores ambulantes de origen subsahariano, ofrecen a los viandantes. El instrumento sonaba con insistencia, ya empezaba a molestarme aquel monocorde toque sobre la piel del timbal, cuando de repente ví el origen y procedencia de aquel ruido.

En una mesa cercana, una pareja joven con un niño en su silleta le intentaban dar la cena. Un niño de apenas tres años o así al que, sus padres, habían comprado aquel timbal africano en algún lugar de Lorca donde, un inmigrante llegado también a esta  tierra de promisión, estaría sobreviviendo con la venta callejera. Seguro que, a aquel vendedor ambulante, inmigrante y sin papeles, el terremoto también le quebró la vida y le dejó sin techo, sin futuro, sin esperanzas. Seguro que con la quincallería de sus collares y pulseras, las labores artesanas de madera, mascaras de rictus indescifrables y elefantes tallados a mano junto a los timbales, le ayudan a ganarse unos euros y que la noche no sea tan dura todos los días.

 Y el niño seguía. Bocado a la cena que amorosamente le daba su madre y sus manitas de nuevo aporreando el instrumento. Aquel sonido del timbal retumbando en la vacía plaza de San Vicente, en la noche de primavera, tuvo para mi el sonido apremiante de los latidos lorquinos que reclaman, a golpe del timbal de sus corazones, y con la rabia contenida, que de una vez por todas Lorca vuelva ser lo que era hace un año antes de aquello. El orgullo de Murcia y de todos los murcianos.

El descompasado redoble del timbal, en las manos de aquel niño, fue también para mí una llamada a la esperanza. El corazón de Lorca sigue latiendo.





sábado, 28 de abril de 2012

LORCA: PESADILLA SIN RESPUESTAS


Porque las rosas buscan en la frente 
un duro paisaje de hueso 
y las manos del hombre no tienen más sentido 
que imitar a las raíces bajo tierra…
(Gacela de la huida. Federico García Lorca)

Aquel dia era miercoles 11 de mayo. Un dia como cualquier otro. Incluso un poco mas caluroso de lo habitual por estas tierras. En torno a las cinco de la tarde la tierra tembló por primera vez en Lorca con una magnitud de 4.5 en la escala de Rigther. Y apenas dos horas después, en torno a las siete menos diez, la sacudida fue muchisimo mayor y mas devastadora. La magnitud alcalzó los 5.1 grados. El caos, la destruccion, la desolacion y la muerte se pasearon por la ciudad a lomos de los caballos apocalipticos que anuncian el fin del mundo. Los seismos dejaban tras de si nueve muertos, mas de trescientos heridos y miles de personas sin hogar. La ciudad habia quedado arrasada.






Mas tarde dirian los expertos que fueron terremotos de nivel medio o moderado pero que la proximidad epicentral a la superficie y la ubicación del nucleo urbano sobre el eje de la falla asi como las particularidades del terreno formaron una combinacion explosiva puesto que la intensidad alcanzó el grado VII. El máximo en la escala de la Red Sismica internacional.

Han quedado a fuego, en mi corazon y mi memoria, las imágenes que presencié en Lorca cuando llegué a la ciudad en las primeras horas de la noche. Gentes deambulando como fantasmas por las calles. Perdidas y sin rumbo. Personas cobijadas bajo mantas y todo tipo de ropas ocupando todos los jardines y espacios al aire libre que hay en esta hermosa ciudad. Todos los edificios, que se mantenian en pie, apagados como espectros fantasmales de lo que horas antes habia sido vida intensa. El sonido, estremecedor, constante de sirenas. Los motores de los helicópteros aterrizando o despegando. Personas andando perdidas sin rumbo, como ausentes, focos encendidos, militares de la UME con vehiculos de todo tipo, lagrimas en los rostros y gentes que, sin conocerse de nada, se abrazaban para darse el calor de vida tan necesario en aquellos momentos de desolacion y muerte.


Conforme iba amaneciendo sobre Lorca, una mañana grisacea y plomiza, la luz del dia iluminaba un paisaje desolador. Donde hubo vida y alegria, unas horas antes, ahora solo había dolor y sufrimiento. Destruccion. El caos imperaba por todos los rincones de la ciudad y en cualquier calle, plaza o avenida tenias que sortear cascotes y restos que ocupaban la calzada. Incluso de sus impresionantes monumentos, que la convirtieron un buen dia, en ciudad emblematica del barroco español, se habian desprendido trozos de gloria e historia dejando destrozos que ni guerras o revoluciones fueron capaces de hacer siglos antes. La propia fortaleza medieval, santo y seña de la ciudad milenaria, se habia resquebrajado y sus torres amenazaban con venirse al suelo en cualquier momento. Mientras, en nueve familias de Lorca, se velaban los restos mortales de los inocentes que habian perecido en la sacudida inmisericorde de la tierra. Nueve muertos. Nueve historias distintas y diferentes. Nueve formas de morir, cada una sin parecerse a la otra, pero nueve vidas segadas de raiz una luminosa tarde de la primavera cuando, minutos antes del seismo, gozaban de la vida plena. Silencio, desolacion y muerte. Lorca está de luto.





HA PASADO UN AÑO
Lorca no ha olvidado ni podrá olvidar, por mucho tiempo que pase aquella trágica tarde de mayo. Ahora se cumple el primer año. ¿Se ha hecho algo? ¿Se ha solucionado algo? ¿Cómo esta la situacion actual en la ciudad?

Son muchas interrogantes para contestar en este apunte que ofrezco en mi blog. Por eso me voy a ceñir a los datos, en los que estamos trabajando, para plasmar de la manera mas fidedigna y real lo que esta sucediendo hoy en la conocida como “Ciudad del Sol” pues, cuando hablas con gentes de fuera de nuestra Comunidad, se piensan que todo está arreglado y que Lorca ha vuelto a recobrar la normalidad. Nada mas lejos de la realidad pues la ciudad sigue con las heridas abiertas, su economia no despega y lo que es peor, las gentes, las maravillosas gentes de este rincon de España, ya les han salido surcos de dolor en sus almas pues ven, impotentes, como las administraciones se pelean entre ellas, los politicos se lanzan continuamente reproches y la pura y dura realidad del dia a dia es que Lorca sigue estancada en el fango del olvido, no quisiera decir “desidia”, de los que no han hecho todo cuanto deberían haber hecho para que esta poblacion, orgullo de Murcia, hubiera salido ya de la pesadilla donde la incompetencia y la lucha politica le ha tenido inmersa durante todo un año.





Los numeros hablan por si solos. A dia de hoy, mas de ocho mil personas no han podido volver a sus hogares. Esto les ha obligado a alquilar otra vivienda, alojarse con la familia, o buscar ayudas en segundas residencias de amigos que les han prestado su techo. Sumen a todo esto aquellas familias que tienen que seguir pagando la hipoteca, los bancos no tienen culpa de los terremotos ni tienen culpa de nada como siempre, y la hipoteca sigue llegando todos los meses y el alquiler del cobijo temporal tambien aparece en las mismas fechas. El agua, la basura, la luz, el teléfono... hay que seguir pagando incluso cuando de aquel edificio solo queda un solar o es una construcción fantasmal. Pero, los pagos, llegan fijos a primeros de mes. ¿Y las ayudas? Esas "ni están ni se les espera" 


Las zonas mas dannificadas son el “Barrio de la Viña”, barrio de gentes trabajadoras que, en muchos casos, consiguieron sus pisos con enorme sacrificio y muchos de ellos acudiendo a la “vendimia francesa” de temporeros. De ahí que su nombre, la Viña, recuerde los origenes obreros  de emigrantes lorquinos trabajando en tierra extraña. Hoy, a aquellos pioneros del barrio, se han sumado una serie de parejas jóvenes y menos jóvenes que gracias a las modernas construcciones realizadas en la zona, compraron alli su casa para formar una familia. Parejas, familias, que arrastran y tienen por delante mas de treinta o cuarenta años de dura hipoteca. Todo o casi todo destruido.


San Fernando: Una de las zonas mas deprimidas de Lorca. Con un altisimo porcentaje de familias en riesgo de exclusion social. De los nueve bloques de viviendas sociales, tres han sido derribados y los otros seis restantes estan en un estado de ruina inminente. Hay pisos, en la actualidad, saqueados u ocupados pues sus residentes no pueden pagar una segunda residencia. El caos es total y los habitantes de esos bloques corren un serio peligro de perecer en cualquier momento bajo un amasijo de cascotes. Son los mas humildes, los mas pobres, los olvidados de la sociedad en muchos casos con un alto indice de exclusión social. Parecen haberlos abandonado a su suerte.


Alfonso X: Barrio pequeño y humilde. Eran aquellas conocidas como “Casas baratas” del tardo franquismo. Muchisimas de ellas derribadas y otras tantas en situacion indefinida y sin poder habitarse dado el estado ruinoso que presentan. Sus habitantes son, en su mayoria, personas mayores sin recursos, jubilados, pensionistas y enfermos que necesitan constantemente las ayudas sociales. Muchos de ellos, pese a los informes tecnicos, siguen viviendo en esas casas pues no tienen donde ir ni posibilidad de pagar un alquiler. Esperan pacientes que alguien, algun dia, solucione sus problemas. Una media de edad estimada en los sesenta y ocho años. Pensiones de cuatrocientos euros, en los casos mejores, y viviendo de asistencias sociales que, ahora, con los recortes se ven seriamente en peligro.


Aparte de estos tres barrios, los mas afectados por la fuerza telúrica, hay otras zonas dañadas a dia de hoy, un año despues, en la que tambien se han derribado eficios pero en los que la incidencia ha sido menor. Son zonas en pleno casco histórico, en la Avenida Juan Carlos I, en el barrio de San Diego o un numero importante e indeterminado de viviendas unifamiliares repartidas por la extensa huerta lorquina y en especial en la pedanía de Río.




Esta es solo una pequeña fotografía, a vuelo de pájaro y sin profundizar, de la cruda realidad lorquina un año despues de los seismos. Un panorama desolador que ha llevado a muchas familias a situaciones extremadamente dificiles y complejas ya que, la mayoría, con los edificios derribados han tenido y tienen que seguir pagando la hipoteca, dichosos bancos,  no pueden reconstruir, no han recibido las prometidas ayudas y muchas, incluso, no tienen recursos para pagar ningun tipo de piso o un nuevo alquiler. En algunos casos, mas doloroso, en el dia a dia tienen que recurrir a unas mas que desbordadas Caritas parroquiales que se ven impotentes para poder paliar tanto dolor  como hay entre los vecinos.


En lo que va de año mil doscientas sesenta y cuatro viviendas han sido demolidas al sufrir serios daños en sus estructuras. Aproximadamente, en la actualidad, unos quinientos edificios continuan en obras sin que hayan podido volver a ellos sus moradores. Sumando a todos esto, logicamente, las llamadas “obras menores” que  son imposibles de contabilizar pues es muy rara la casa, especialmente bajos, que no siguen en obras despues de tantos meses.

Frente a todo este caos unicamente se han instalado, a dia de hoy, trece viviendas modulares para dannificados que en su momento, hace unos meses, cedió Cruz Roja Española.
Como decía anteriormente, este comentario, es unicamente una pequeña aproximacion a la cruda realidad de Lorca un año despues de aquel trágico once de mayo del año dos mil once. Una pequeña, ínfima, fotografía de aproximación.

 Seguiré, es mi intención, hablandoles del comercio, la agricultura y la economia que, logicamente, se han visto seriamente dañadas y con consecuencias imprevisibles debido a que numerosos comercios han tenido que cerrar sus puertas ya que mas de setecientos, según las cifras que baraja la patronal lorquina, CECLOR, se vieron seriamente dañados por los terremotos y a dia de hoy, de esos, mas del veinte por ciento no han podido reiniciar su actividad.

Mientras todo esto ocurre, en este hermoso rincon de España, los politicos de uno y otro signo buscan, en el contrario, el culpable de semejantes desatinos. El tristemente celebre “y tu mas” se instaló un mal día tambien en Lorca y se ha perdido muchisimo tiempo, demasiado, en arrojarse las miserias politicas unos a otros. Pero eso si en las dos campañas electorales que hemos vivido en este año, tras los seismos, las autonomicas y municipales mas las generales, todos los lideres, todos sin excepcion, han querido “manchar” sus caros zapatos de marca pisando solares y poniendo cara ciscunspecta ante los medios de comunicación que inmortalizaron su presencia en la ciudad consolando ancianos, acariciando niños o contemplando, con la máscara del drama, en sus caras, las ruinas de lo que hace tan solo unos meses era vida.





No nos olvidemos de esta ciudad. Nos necesitan sus gentes mas que nunca. No nos olvidemos de Lorca y los lorquinos. No pensemos que la normalidad ha vuelto. No miremos para otro lado. Es una labor de todos y entre todos tenemos que devolver el esplendor a una ciudad que fue, en su larga y gloriosa historia, protagonista indudable de momentos de esplendor. Lorca nos necesita igual que el primer dia despues de las durisimas sacudidas de la tiera. Y, que a nadie se le olvide , un año después, porque LORCA SOMOS TODOS.